![]() El hombre irrazonable |
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Sorpresa en el tren de Izmir Escucha música mientras lees pulsando aquí (James Newton Howard, Devil's advocate, 1997)El arqueólogo James Mellaart viajaba en el tren de Estambul y apenas se había fijado en la joven de cabello oscuro que se sentaba frente a él. Pero su distraída mirada tropezó con el brazalete que ella llevaba, y comprendió al instante que era de oro macizo y su antigüedad ascendía a miles de años. Esa mirada le llevaría hasta un tesoro incalculable, cuyo misterio permanece hoy, pero también hasta un cerco de asechanzas y calumnias urdidas contra él. La joven le dijo que el brazalete procedía de una colección que guardaba en su casa y prometió enseñársela. Cuando más tarde la colección fue sacada pieza por pieza de una cómoda y desplegada ante sus ojos, Mellaart quedó atónito. Era un hallazgo comparable al descubrimiento de la tumba de Tutankamen. Quiso fotografiarlo, pero la muchacha no accedió, aunque le dio permiso para permanecer en su casa y hacer toda clase de croquis. Mellaart aprovechó encantado la ocasión. Durante días trabajó sin descanso, inclinado sobre las piezas fabulosas, copiando sus complicados diseños, obteniendo copias de los jeroglíficos y anotando todo detalle. La muchacha, que le dijo ser griega, refirió que la colección había sido hallada durante la ocupación de Turquía por su país, después de la primera guerra mundial. Procedía de una excavación realizada secretamente en un pueblecito llamado Dorak, situado junto a un lago. Mellaart descubría todo un cúmulo de implicaciones sorprendentes. Sabía que las piezas correspondían a la Edad del Bronce, que tenían 6.000 años de antigüedad, y que atestiguaban la existencia de una gran ciudad marinera cercana a la Troya de Homero. Estuvo gobernada por una casta de guerreros, y rivalizó con Troya en riqueza. Una noche, a hora avanzada, acabó su trabajo y se marchó. Fue la última vez que vio a la muchacha y al tesoro. Sólo mucho después comprendió Mellaart lo poco que sabía de la muchacha que fue la clave de su descubrimiento. Unicamente podía recordar que hablaba inglés con acento americano; su nombre, Anna Papastrati, y su dirección, calle Kazim Direk, 217. Su primer grave error fue no comprobar estos datos. La policía turca no pudo hallar a nadie que respondiera a ese nombre. Tampoco existía la calle Kazim Direk. Su segundo error fue informar con poca exactitud a su jefe en el Instituto Británico de Arqueología de Ankara, el profesor Seton Lloyd. Mellaart, que era director adjunto, dijo a Lloyd que había encontrado el tesoro seis años antes; pero que hasta entonces no había recibido permiso para publicar su descubrimiento. Era una falsedad que creyó necesario decir, movido por una razón inocente. Mellaart estaba casado desde hacía cuatro años y no quería que su esposa se viese importunada por los comentarios de que había pasado varios días en la casa de otra mujer. La carta perdida Mellaart lamentaría profundamente ambos errores durante su prolongada y amarga lucha por rehabilitarse de las acusaciones que le dirigieron después de publicar su descubrimiento en el Illustrated London News, en noviembre de 1959. Cuando apareció el artículo, con los dibujos de Mellaart, los funcionarios turcos se indignaron. Quiseron saber dónde estaba el tesoro, dónde se había hallado y por qué no se les había informado. Pensaron que se les había hurtado un precioso tesoro nacional y culparon a Mellaart. El arqueólogo les ayudó cuanto pudo, pero Anna y su colección habían desaparecido sin dejar rastro. No existían pruebas que imputasen a Mellaart la desaparición del tesoro. Sin embargo, el británico se vio envuelto en una campaña difamatoria, instigada por el periódico turco Milliyet. El rotativo afirmaba que era falsa la fecha de la excavación de Dorak, y que los descubrimientos habían tenido lugar en los años cincuenta, cuando Mellaart y una misteriosa mujer fueron vistos cerca de aquel lugar. Sus secretos e influyentes enemigos se movían activamente al fondo de todo, pero ¿por qué trataban de desacreditarle propagando que su historia era sólo una invención para promover su carrera? Mellaart ya disfrutaba de estima universal y no, precisaba de maniobras publicitarias y ¿quién era Anna?, ¿fue una pura coincidencia que se encontrase a Mellaart en el tren?, ¿o la «colocó» allí quien sabía que su brazalete no pasaría desapercibido al arqueólogo? Víctima de contrabandistas Pudo suceder que Mellaart fuera el cebo de una sutil trampa preparada por contrabandistas, que ocultaban el tesoro de Dorak con el fin de venderlo. Sabían que el precio de su botín en el mercado negro aumentaría en grado sumo cuando un experto de categoría mundial confirmara su valor. Mellaart, con su autorizado artículo en el Illustrated London News, confirmaba la importancia del hallazgo. Quizá fueran entonces sigilosamente distribuidas las piezas a compradores clandestinos en todo el mundo. El caso es que este tesoro jamás ha vuelto a ser encontrado. ---------------------------------------- Bibliografía Mellaart J., The Royal treasure of Dorak. Illustrated London News. 28 nov. 1959 07/11/2004 17:28 Comentarios » Ir a formulario
O_o xD Mi abuela me lo contó con una carta de un amigo (presumo que sería el Mellaart ese, porque quien lo narraba era el "protagonista") como "guía" para la historia, según parece se habían conocido (él y mi abuelita) en la Alemania de este o por allí...
Ains... las vueltas que da la vida xD Fecha: 09/11/2004 02:45. |
El hombre razonable se adapta al mundo; el irrazonable intenta adaptar el mundo a sí mismo. Así pues, el progreso depende del hombre irrazonable.
George Bernard Shaw. Detrás de todo bibliotecario debe haber un escritor. Pero como el mundo es contradictorio, estos hechos raras veces se combinan con un resultado dichoso. Esta weblog se ve mejor utilizando el navegador libre Mozilla Firefox Archivos
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