El hombre irrazonable



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¡Abajo la raza latina!

cura.jpgEscucha música mientras lees pulsando aquí (Domingo Rodríguez Oramas "El colorao", Aires de tambor)

Luis García de Vegueta

A pesar de las malas lenguas, que nunca faltan por estos mundos de Dios, lo cierto es que hubo una oportunidad -allá por 1927, con motivo de la División- en que el Maestro Juan el Latonero se fue a la Marina y se dio un fregoteo de pies a cabeza con estropajo y jabón Swaston. Aquello, el baño, tuvo visos de singular acontecimiento, al menos en Vegueta. Y cuentan que Mister Rayner, el inglés de la clavellina, lo vio e hizo un comentario, reflejo de su sorpresa:
- Oh, tú no ser negro; tú sólo ser cochino.
Y si Mister Rayner había creído que el popular latonero del callejón de La Gloria procedía de alguna tribu africana conviene aclarar en descargo del artesano que el ambiente de la fragua, los tupidos infiernillos y la soldadura de sartenes no era el más propicio para atender a la conservación de la blancura original. Además, la historia de maestro Juan Lorenzo estuvo jalonada por otras visitas, con fines de adecentamiento corporal, a la Marina: la víspera de la boda, la llegada del Cardenal Pacelli, el viaje del Plus Ultra, o la proclamación de la República.

La disparidad de tales episodios, célebres en los fastos insulares, garantizaban el eclecticismo sanitario y conceptual de nuestro hombre, que era capaz en cualquier caso de ponerse a la altura de las circunstancias. Ustedes recuerdan, y ¿como no?, el texto de la pancarta que llevaba el maestro Juan Lorenzo cuando en una soleada mañana de primavera el pueblo se había arracimado en la plaza de Santa Ana entre banderas tricolores.
- "¡Abajo la raza latina!"
En un día de exaltación política y ciudadana, aquel mudo grito parecía una injuria al espíritu republicano y un concejal del recién constituido consistorio bajó del balcón del Ayuntamiento para enfrentarse con el heterodoxo latonero.
- Pero, ¿está usted loco?. Todos somos de raza latina.
La verdad es que cada uno sobresale encima de las apariencias. Maestro Juan, sin arriar la pancarta, explicó su teoría:
- ¡Que vá, hombre!. Yo me refiero a los curas, que son los que hablan latín.
El sol, mientras tanto, se desparramaba sobre la plaza de Santa Ana. Mister Rayner, en esta ocasión, no hizo ningún comentario, quizá porque era sajón o porque andaba con su clavellina por los caminos de la Isla.
12/11/2004 20:18

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Autor: king lobo

Arriba mi gente y orgullo latino pa tods ...Lo latino siempre es mejor ... te lo dice este man ..A.L.K.Q.N.S

Fecha: 16/11/2006 14:51.



Autor: ...

Esto es una puta mierda, abajo tu raza cagona y yasta, ijo de la granputa

Fecha: 22/07/2008 12:03.


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El hombre razonable se adapta al mundo; el irrazonable intenta adaptar el mundo a sí mismo. Así pues, el progreso depende del hombre irrazonable.
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